Cine y drama: “un monstruo viene a verme”

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Antes de empezar, te adelanto que en la siguiente entrada puedes encontrar spoilers de la película que se indica en el título. Si aún no la has visto y quieres hacerlo, te recomiendo que vuelvas después de hacerlo.

Cine y drama: Un monstruo viene a verme.

Hace justo una semana fui a ver la última película de Bayona. En general, con este director sabes que no te vas a arrepentir de acudir al cine y gastarte los ocho euros de rigor: al final, pueden gustarte más o menos sus películas, pero siempre da la talla. En este caso acudí con expectativas de llorar mucho —aunque pueda parecer absurdo, muchos vamos al cine queriendo llorar— y las cumplí con creces.

La película está hecha para llorar. Y no solo fui yo, que casi que lo hago incluso con una comedia, lloraron muchos. Fue la tónica general de la sala de cine, porque, quizás, es el propósito de la película. Tocar tus fibras sensibles para que no puedas hacer otra cosa que derrumbarte.

mounstroCuando nos dirigimos a la salida, recuerdo ver como la chica que estaba sentada a mi lado se quedó en la butaca. Tenía la cabeza entre sus manos y se sonaba continuamente. Le había afectado profundamente, más allá de las letras de los créditos. ¿Le habría recordado quizás a una experiencia personal?

Una vez en la calle, mi amiga dijo una frase que me hizo reflexionar. “Al final, es mucho más fácil hacer llorar que hacer reír, y por eso las comedias son más complicadas de escribir”. Creo que es rigurosamente cierto, y precisamente esta película hace uso de técnicas que, si se aplican, son infalibles para este objetivo. Música triste, un niño sufriendo y su madre a punto de morir de cáncer. La muerte de uno de los padres desde la perspectiva del niño, es uno de los tópicos que más nos mueven en el mundo del cine y la literatura. Desde Marco buscando a su madre, pasando por David Coperfield, El Lago de los Ensueños, Bambi, El Rey león… muchos han explotado este tópico con anterioridad.

La película es buena y nos gustó bastante, pero la conmoción que provocó en el resto de espectadores y en mi misma me hizo pensar. Sabemos que a diario mueren personas en todo el mundo. Hambre, guerra, suicidios, enfermedades… sin embargo, lloramos con una película que cuenta una historia irreal. Estuve unas horas dándole vueltas a este pensamiento y sintiéndome extraña por esto. Entonces me di cuenta que si lloras en una película es porque ves la historia de cerca. Empatizas con el chico y sientes todo lo que ocurre como propio. Claro que lloraríamos si viéramos en primera persona a cada niño sufriendo cuando su madre muere, o cuando lo hace él porque no tiene nada para comer.

La película tiene sus detractores. Precisamente, que recurra a técnicas cinematográficas para hacerte llorar, es utilizado como argumento de la mediocridad de esta película. Es cierto que este director, que cuenta con todos los medios posibles para hacer impecables sus producciones a nivel técnico, y con un aparato de propaganda enorme, cuenta con una más que asegurada audiencia que no tiene por qué corresponderse con la calidad de la película. Sin embargo, para mí, la película es buena. Y lo es porque no se queda en el llanto fácil, sino que ofrece algo más. Detrás del dolor, hay un mensaje de superación y de lucha para no derrumbarte y seguir hacia delante. Y lo mejor es como está contada: la idea del monstruo en la mente del chico, es genial, porque cuadra muy bien tanto con el trasfondo de la película como con la personalidad del protagonista. Ahora, ¡no os olvidéis de llevar un cargamento de pañuelos con vosotros!

 

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